Mexkisito, en la Calle de Recoletos 11, es una Antojería que llega directamente desde el corazón de México a Madrid. Gastronomía y coctelería innovadoras que transmiten los sabores y la originalidad de la cocina mexicana en un espacio fruto de la colaboración entre Francisco Segarra y la interiorista María Barrero.

María, diseñadora por convicción y vocación, persona muy observadora, requisito imprescindible para poder generar un buen concepto y darle forma, se califica como una “observadora de lo cotidiano“.

Su gusto por la mezcla de estilos y la creación de espacios con alma, capaces de narrar una historia y trasmitir emociones. Su amor por el detalle e incluso su fijación con las texturas, siempre intentando ir hacia un lujo relajado, con materiales nobles, sabiendo manejar la luz para generar ambientes diferentes y diferenciados dentro del espacio; ha favorecido la colaboración con Francisco Segarra.

 

El origen

 

Los socios Hanna, Jorge y Adriana, pusieron sus miras en el estilo industrial-decadente de Francisco Segarra, para la decoración de su nuevo negocio, dado que no querían el “típico” restaurante mexicano.

Las propias vivencias y el proceso de investigación llevado a cabo por María Barrero sobre el estilo decorativo de México en los años 40-50s, cuando en ese país oscilaba el gusto entre lo moderno y lo tradicional, lo nacional y lo internacional, la llegada de las vanguardias y los remanentes de un contexto revolucionario e industrial, contribuyeron al éxito del proyecto de Mexkisito.

Para mí no era del todo desconocido todo aquello gracias a mis años viajando a ese país extraordinario e inquietante. Así, se empezó a visualizar el proyecto.

En mis recuerdos de esas temporadas en México, mi mente guardaba imágenes de arquitectura colonial y porfiriana de la colonia Roma, con sus edificios eclécticos tomando elementos de cada época para realizar su construcción: Belle Époque, art nouveau, art decó  y, por supuesto, el neocolonial.

De sus interiores, recuerdo objetos hermosos, mezclados con mobiliario de estilo francés y actual. De mis visitas a las casas de Frida y Diego y, por supuesto, en el sur del Distrito Federal la casa museo de Dolores Olmedo, una de las más bellas que he visto, donde la artesanía popular y prehispánica se mezcla con el mobiliario de vanguardia de los Eames, creando una atmósfera elegante y actual dentro de un edificio del siglo XVI ,con una colección de arte única en el mundo, por no hablar de los pavos reales y los perros raza “xoloitzcuintle” (perro azteca sin pelo) del jardín espectacular y perfectamente cuidado en el exterior.

La idea del proyecto radica en llevar ese estilo ecléctico a la decoración del local recreando una de esas casas coloniales mexicanas, mezclar lo nuevo con lo viejo, la artesanía mexicana con lo industrial, lo decadente con lo clásico.

 

 

Paredes y techos

 

Lo primero que se hizo fue descubrir el espacio que teníamos con una demolición y así dotar de personalidad al proyecto.

Tras comprobar que detrás de las paredes tenía ladrillo visto en casi todo el local, se decidió descubrir sólo una que nos parecía más interesante por su mezcla de vigas de madera e hierro y que le aportó al local un estilo entre industrial y vintage.

Las paredes se pintaron en un color verde claro, quería un color que trasmitiera serenidad y claridad al local, y que a su vez fuera un color que tuviera que ver con México, colores como amarillo, azul, rojo y rosa venían a mi cabeza recordándome las edificaciones de diferentes pueblos mexicanos, pero al final la inspiración fueron los colores de su bandera.

Además tenían que tener ese aspecto vivido que necesitaba para conjuntarlo con un techo de líneas clásicas y elegantes. Se buscó un papel con relieve en tonos blancos con dibujos geométricos, se remató con molduras y rosetones centrales para adornar el racimo de lámparas de cristal “Lirio” de Francisco Segarra en tono green, lavanda y purpura.

 

Suelos

 

La combinación ecléctica siempre permanente en el proyecto, queda también reflejada en los suelos del restaurante por la unión del solado diseñado por Francisco Segarra en colaboración con el grupo Peronda y la madera de pino recuperada de un antiguo edificio, que se colocó de diferentes formas dependiendo del espacio, aportándole esa antigüedad que requería.

Las piezas de cerámica, de la colección FS by Peronda, rescatan el carácter original de la cerámica antigua, incorporando un efecto de desgaste tan realista que ha convertido a la colección en un referente en suelos vintage. Las piezas de Artisan Deco en origen azules, fueron realizadas ex profeso para Mexkisito en un original tono verde, que aportó a la decoración un estilo tradicional y elegante.

 

La barra

 

Una de las piezas claves para este proyecto era su barra, dando ese aspecto industrial y masculino para que se integrara con el local. Queríamos que tuviese diferentes colores y fabricarla con materiales industriales. A partir de esta idea, se realizó una barra con tuberías y codos de metal y se pintó con los colores de la bandera Mexicana. Le acompañan los taburetes Mendel con asiento de piel y tachuelas decorativas del catálogo de Francisco Segarra, ajustándose perfectamente a la estética varonil de la barra.

Para el diseño de la trasbarra María se inspiró en un mueble clásico. Se realizó en hierro negro envejecido acompañando en estética a la barra en su aspecto más industrial; se le añadieron herrajes clásicos y espejos envejecidos, dando ese guiño al gran mueble de salón.

 

El mobiliario

 

El mobiliario de la sala se dividió en dos zonas, una con producto realizado en metal tono blanco y el característico efecto decapado decadente de la firma Francisco Segarra, donde vemos el taburete bajo Broker y las mesas Magna, y otra zona con un aspecto más sofisticado, donde se realizó una bancada de aspecto afrancesado en terciopelo rojo con patas lacadas en negro acompañada por las mesas de estilo más clásico Joana pintadas en negro y envejecidas en los talleres. Por último se añadieron las sillas Alanís en su versión de metal negro y madera oscura.

 

La iluminación

 

La iluminación ecléctica del local, tiene una mezcla de diferentes estilos que conjugan muy bien con la decoración y el espacio en el que se encuentran.

Las lámparas Lirio en cristal, colocadas a modo de conjunto central con diferentes tamaños y colores, dan un aspecto de gran lámpara.

En la pared los apliques metálicos Megan con su lente de aumento aportan ese estilo industrial que se buscaba; sobre la barra, las grandes lámparas doradas de uno o tres focos Gadea con vidrio esmerilado translúcido y un aire más retro ayudan a compensar el espacio.

En el pasillo suspende una lámpara de araña del siglo XIX hallada en un anticuario para dar un aspecto hogareño, conjuntando con una luminaria Jieldé antigua colocada sobre el pasa platos; una pieza exclusiva adquirida en los mercadillos de París.

 

Los baños

 

Tanto las puertas de la cocina como las de los baños se realizaron en hierro pintado en negro y luego envejecido, se diseñaron todas con el mismo estilo como si fueran las puertas de una misma estancia.

Para la señalética se ideó una caja metálica con tapa de cristal donde se colocaron objetos antiguos con las fotografías de los abuelos de una de las dueñas, a modo de “gabinete de curiosidades“.

En busca de unos baños elegantes y sin perder el estilo del resto del local, se utilizó azulejo blanco tipo metro combinado con los pájaros y motivos florales del papel pintado de la colección de papeles decorativos vintage FS, que incorporan a su bello diseño un acabado rugoso.

El  suelo cuenta con una plaqueta tipo damero y el conjunto se remata con un lavabo metálico industrial con grifería vista y el espejo-lámpara de estilo industrial Sol.

 

Decoración y fachada

 

Para darle personalidad y originalidad al restaurante se trajeron de México varios elementos decorativos, máscaras antiguas talladas en madera, ex-votos antiguos para decorar la pared del pasillo, calaveras de barro realizadas por Joaquín Balbuena, que se colocaron en el mueble del trasbarra.

La fachada cambió su aspecto gracias al diseño de unas puertas metálicas inspiradas en una antigua hacienda mexicana que se pintaron en otra tonalidad verde para integrarlas hacía el interior.

 

La identidad corporativa

 

La implicación de María Barrero en el proyecto queda latente en su identidad de marca donde el objetivo debía ser un elemento fácil de asociar con México y que a su vez transmitiera elegancia.

Siempre me atrajeron los “milagritos” con sus diferentes formas, colores brillantes y que con solo verlo sabes que tiene que ver con México. Queríamos un elemento que recordara el origen -esa idea- y entonces colocamos encima de la barra una urna de cristal con un “milagro” en su interior para que haga simbólicamente de corazón del local.

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