Una joya del diseño interior y arquitectónico se ubica en la ciudad de Guadalajara: el restaurante Hueso, un espacio que ha sido premiado en diferentes certámenes nacionales e internacionales, precisamente por su diseño original. Recientemente, los autores del proyecto recibieron en Londres el premio The Restaurant & Bar Design Award al mejor restaurante de América.

La Fundación Luis Barragán y la Casa-Estudio del Arquitecto Ignacio Díaz Morales, en el hermoso Distrito de Diseño de la zona de Chapultepec, en Guadalajara, Jalisco, son el escenario perfecto para enmarcar la arquitectura modernista de 1940 del edificio en el que ahora habita “Hueso”, un contemporáneo y vanguardista restaurant, propiedad de Alfonso Cadena.

El concepto bajo el cual se diseñó el restaurante empieza desde el exterior, otorgándole una segunda piel a la fachada de la construcción, que ahora está cubierta por una retícula inspirada en puntadas de costura, hecha a base de mosaicos de cerámica diseñados por José Noé Suro y que funciona como el preámbulo ideal para un interior orgánico y rico en textura.

Inspirados en una visión darwiniana, los muros interiores están repletos de arriba a abajo con una colección de más de 10 mil huesos de animales

males y plantas montados sobre diversas capas de madera y entrelazados con utensilios de cocina y otros objetos que fueron intervenidos por artistas visuales urbanos.

El enfoque del diseño busca integrar los detalles arquitectónicos, gráficos y de decoración que exponen esqueletos de animales. El diseño se aprecia limpio, fresco y artesanal, ya que parte de la construcción, como se mencionaba, es de cerámica hecha a mano con un enfoque gráfico que se refiere a los patrones de costura, todo en blanco y negro. Esta representación visual también protege y contrasta la superficie interior, que se vuelve más orgánica y llena de texturas.

Dentro del lugar se aprecia toda una obra de arte cuya paleta de color está entre las tonalidades de blancos. En el vestíbulo y otras partes de la casa se puede apreciar la colección de huesos fundidos en aluminio que cuelgan de las paredes.

La cocina expuesta se convierte en una pantalla para los clientes, ya que el bar es la única brecha que separa a los artistas culinarios de la mesa principal. En la parte posterior, una zona de estar de madera reciclada crea un diálogo entre el espacio y el árbol al final del restaurante.

El interior del restaurante es como el resto, predominantemente blanco, con baldosa de ceramica vidriada. La principal excepción es una gran mesa large de pino recuperada de una granja, que corre por el centro de un estrecho pasillo en el comedor de doble altura. La mesa que renuncia a terminar o a cortarse continua por este largo pasillo a pesar de un desnivel bajo en la parte intermedia, donde se ubica la cocina, que es un deleite visual para los comensales.

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